La otra cara del Valle de la Independencia
San Diego de la Unión invita a vivir la Ruta del Vino desde una perspectiva más tranquila y cercana al territorio, entre paisajes abiertos, tradición viva y una vitivinicultura que conserva un carácter auténtico.
Fundado en el siglo XVI y con raíces que se remontan incluso antes, a comunidades indígenas prehispánicas, San Diego de la Unión conserva su identidad en la Parroquia de San Diego de Alcalá, de fachada rosa y estilo barroco, y en las procesiones, música y danzas de la Fiesta de San Diego, cada noviembre.
Su gastronomía —enchiladas mineras, pozole verde, chancaquillas— y el trabajo de sus artesanos en cerámica y cantería son parte de lo que se descubre al recorrer el municipio con calma, sin prisa.


Comparte con el resto de la ruta es el calendario: la temporada de vendimias, entre mayo y septiembre, es también aquí el mejor momento para acercarse a sus viñedos boutique, con catas, recorridos guiados y picnics al aire libre en un entorno mucho más artesanal que en otros puntos de la región.
Y comparte, sobre todo, la cercanía: basta tomar la carretera que lo conecta con Dolores Hidalgo para pasar, en cuestión de minutos, del epicentro de la ruta a uno de sus rincones más auténticos.

Para quien ya recorrió los viñedos más consolidados del valle, San Diego de la Unión es la invitación a seguir un poco más lejos.








