San Felipe

1000m.

Nivel del Mar.

Semiárido Templado

Clima.

Graníticos y Francos

Suelos.

Cuenta con:

Al norte de Dolores Hidalgo, donde la carretera empieza a ganar altura y el paisaje se vuelve más árido, San Felipe ofrece una de las expresiones más particulares de la Ruta del Vino Guanajuato.

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Sus viñedos se ubican entre las zonas más altas de todo el Valle de la Independencia, sobre un suelo cargado de piedra volcánica que imprime carácter a cada cosecha. Es un municipio de vocación agrícola y ganadera que, en las últimas décadas, decidió sumar la vid a esa misma tierra, y hoy vive el enoturismo de forma cercana y sin artificios: recorridos por viñedos, catas guiadas y vendimias que reúnen a productores y visitantes alrededor de la misma copa.

Esa cercanía tiene también otra lectura, más práctica: San Felipe está a un paso de Dolores Hidalgo, lo que permite combinar ambos destinos en una sola escapada por el corazón de la ruta.

Su historia, ligada al antiguo Camino Real de Tierra Adentro —la vía que conectaba los centros mineros del norte con el centro de la Nueva España—, explica en parte esa vocación de paso y encuentro que todavía conserva, visible en la sobria fachada colonial de la Parroquia de San Felipe Apóstol y en la Fiesta de San Felipe, cada primero de mayo.

La experiencia de la Ruta del Vino en San Felipe se enriquece con paisajes naturales, tradiciones y sabores que invitan a descubrir otras facetas del municipio. A la tradición vitivinícola se suma una tradición mezcalera que amplía la experiencia con destilados locales, además de atractivos naturales como la Cueva Longa y el Parque Ecológico “Las Mariposas”, ideales para quien quiere completar la visita con una caminata entre paisajes semidesérticos.

Y en la mesa, antojos como las empanadas de guayaba, el mole de San Felipe o el ate de xoconostle recuerdan que, en este municipio, el sabor no empieza ni termina en la copa: es parte de un mismo territorio que vale la pena recorrer despacio.


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San Diego de la Unión

1000m.

Nivel del Mar.

Semiárido Templado

Clima.

Graníticos y Francos

Suelos.

Cuenta con:

La otra cara del Valle de la Independencia

San Diego de la Unión invita a vivir la Ruta del Vino desde una perspectiva más tranquila y cercana al territorio, entre paisajes abiertos, tradición viva y una vitivinicultura que conserva un carácter auténtico.

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Fundado en el siglo XVI y con raíces que se remontan incluso antes, a comunidades indígenas prehispánicas, San Diego de la Unión conserva su identidad en la Parroquia de San Diego de Alcalá, de fachada rosa y estilo barroco, y en las procesiones, música y danzas de la Fiesta de San Diego, cada noviembre.

Su gastronomía —enchiladas mineras, pozole verde, chancaquillas— y el trabajo de sus artesanos en cerámica y cantería son parte de lo que se descubre al recorrer el municipio con calma, sin prisa.

Comparte con el resto de la ruta es el calendario: la temporada de vendimias, entre mayo y septiembre, es también aquí el mejor momento para acercarse a sus viñedos boutique, con catas, recorridos guiados y picnics al aire libre en un entorno mucho más artesanal que en otros puntos de la región.

Y comparte, sobre todo, la cercanía: basta tomar la carretera que lo conecta con Dolores Hidalgo para pasar, en cuestión de minutos, del epicentro de la ruta a uno de sus rincones más auténticos.

Para quien ya recorrió los viñedos más consolidados del valle, San Diego de la Unión es la invitación a seguir un poco más lejos.


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San Miguel de Allende

1000m.

Nivel del Mar.

Semiárido Templado

Clima.

Graníticos y Francos

Suelos.

Cuenta con:

Pocas ciudades logran que una copa de vino se sienta como una extensión natural de su propio paisaje.

San Miguel de Allende lo consigue casi sin proponérselo: su arquitectura colonial, barroca y neogótica —con la Parroquia de San Miguel Arcángel como imagen más reconocible— ya tiene ese mismo carácter que se busca en un buen vino de altura: estructura, elegancia y una identidad que no se parece a ninguna otra.

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No sorprende que en 2020 haya sido nombrada la segunda “Mejor Ciudad del Mundo” por los World’s Best Awards de Travel + Leisure, ni que hoy sea, también, uno de los rincones más codiciados del enoturismo guanajuatense.

A los pies de sus calles empedradas y de su vida bohemia —galerías de arte, cafés, restaurantes boutique— se extiende un territorio de valles y montañas donde han encontrado un lugar ideal los viñedos que rodean a la ciudad, con propuestas enoturísticas boutique que combinan catas, recorridos y experiencias gastronómicas pensadas para complementar, no competir con, la vida cultural del centro histórico.

Muy cerca, el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco —la llamada “Capilla Sixtina de México”, también Patrimonio de la Humanidad desde 2008— y el Charco del Ingenio, reserva natural de una biodiversidad excepcional, completan un mapa de experiencias que va mucho más allá de una sola tarde de visita.

Existe, de hecho, un circuito del vino ya reconocido entre San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo, que conecta a ambos destinos en un mismo recorrido: se puede pasar la mañana entre viñedos y llegar a comer al centro histórico, o al revés, cerrar el día con una copa después de recorrer plazas, templos y jardines.

 Esa es, quizás, la mejor forma de vivir San Miguel dentro de la Ruta del Vino: no como una parada aislada, sino como el punto donde la sofisticación de una ciudad Patrimonio de la Humanidad se encuentra con la tierra que la rodea.


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Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional

1000m.

Nivel del Mar.

Semiárido Templado

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Graníticos y Francos

Suelos.

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Donde nació una independencia, y hoy nace otra.

La madrugada del 16 de septiembre de 1810, desde la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, el cura Miguel Hidalgo proclamó el grito que cambiaría el destino de un país. Dos siglos después, en esa misma tierra, un grupo de productores decidió recuperar una vocación vitivinícola que se remonta a la época colonial —cuando las restricciones de la Corona española frenaron el cultivo de la vid en buena parte del Bajío— y convertirla en una nueva forma de independencia: la de producir, aquí mismo, vinos capaces de competir con cualquier región del mundo. No es casualidad que a esta zona se le conozca como el Valle de la Independencia.

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El epicentro de la ruta

Dolores Hidalgo es un punto clave para vivir la Ruta del Vino, con viñedos e infraestructura enoturística que permiten acercarse a la historia, el cultivo y la vinificación que dieron origen a esta ruta.

Aquí se encuentra el Museo del Vino de Guanajuato, el segundo de su tipo en el país, donde se puede recorrer de un tirón la historia, el cultivo y la vinificación. Su ubicación —a 52 kilómetros de San Miguel de Allende y 140 de la capital del estado— la convierte, además, en la puerta de entrada natural para quien llega a explorar el Valle de la Independencia por primera vez.

Pero la visita no se agota en el vino. El centro histórico, con su arquitectura colonial y su ambiente de Pueblo Mágico, guarda el legado de José Alfredo Jiménez —hijo predilecto del pueblo— y una tradición cerámica, la talavera y la mayólica, que se puede admirar en el tianguis artesanal.

Y está, por supuesto, el ritual más querido de Dolores Hidalgo: sentarse en el jardín principal a probar una nieve de garrafa, o alguna de sus variantes regionales como la de borrachita o garambullo, el mismo tipo de placer sencillo y local que después se encuentra, en otra forma, en una copa de vino recién servida.

Visitar Dolores Hidalgo dentro de la Ruta del Vino es entender de dónde viene todo: la historia de México y la historia más reciente de una vitivinicultura que decidió, también aquí, escribir su propia independencia.


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Comonfort

1000m.

Nivel del Mar.

Semiárido Templado

Clima.

Graníticos y Francos

Suelos.

Cuenta con:

Hay un punto de la Ruta del Vino de Guanajuato donde la altura se nota antes de llegar: el aire cambia, la luz cae distinta sobre los surcos y el paisaje se abre en hileras de vid que parecen dibujadas sobre la tierra. Ese punto es Comonfort. Sus viñedos se asientan entre las elevaciones que le dan al Valle de la Independencia su carácter más distintivo, una altitud que favorece noches frescas, días luminosos y uvas que maduran despacio, acumulando la estructura y la frescura que hoy distinguen a los vinos guanajuatenses.

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Pero llegar hasta esos viñedos también significa atravesar un Pueblo Mágico con más de cuatro siglos de historia. Fundado en 1562 como San Francisco de Chamacuero, Comonfort conserva ese cruce entre lo indígena y lo colonial en cada esquina: en los retablos dorados de la Parroquia de San Francisco de Asís, en el Jardín 5 de Febrero —donde el visitante puede sentarse a la sombra con una nieve en la mano— y en Soria, la comunidad textilera que completa el recorrido por el municipio.

Esa misma identidad se traslada a la mesa. Antes o después de una cata, vale la pena probar las gorditas de maíz quebrado, las enchiladas guanajuatenses o la fruta de horno, y llevarse un molcajete de piedra volcánica tallado por manos locales, uno de los oficios que mejor resume el carácter artesanal de Comonfort. Las tortillas ceremoniales, herencia otomí que algunas familias todavía preparan, son quizá la experiencia gastronómica más singular del municipio, y un buen recordatorio de que aquí la tradición vitivinícola convive con otra, igual de antigua: la del maíz.

Recorrer Comonfort dentro de la Ruta del Vino es, en el fondo, caminar por dos historias al mismo tiempo: la de un pueblo que ha guardado su identidad colonial casi intacta, y la de una vitivinicultura joven que está aprendiendo a expresar, copa a copa, el carácter de esta tierra de altura.


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Septiembre sabe a historia: descubre la tradición del vino mexicano en Guanajuato

¿Sabías que México es considerado el primer país de América donde se practicó la vitivinicultura con las vides traídas de Europa?

La historia comenzó durante el siglo XVI y, desde entonces, el cultivo de la vid ha recorrido distintas regiones del país hasta convertirse en una expresión gastronómica y turística que hoy vuelve a tomar fuerza.

Y entre los destinos que hoy mantienen viva esta tradición está Guanajuato, un estado donde los viñedos se han convertido en una manera diferente de conocer sus paisajes, gastronomía, cultura y comunidades.

Una tradición que llegó hace casi 500 años

Para entender por qué el vino también forma parte de la historia de México, hay que viajar hasta 1524, cuando Hernán Cortés estableció ordenanzas relacionadas con el cultivo de la vid en la Nueva España. Posteriormente, las vides comenzaron a extenderse por diferentes territorios, entre ellos los que actualmente forman parte de Guanajuato.

Las órdenes religiosas también tuvieron un papel importante en esta historia. Los religiosos establecieron viñedos alrededor de algunas de sus misiones con el propósito de contar con uvas para elaborar vino utilizado en celebraciones religiosas.

En el territorio guanajuatense, por ejemplo, existen antecedentes de cultivos de vid vinculados con la llegada de las órdenes religiosas desde el siglo XVI. El municipio de Acámbaro destaca dentro de esta historia por los viñedos establecidos por franciscanos y agustinos después de la fundación de San Francisco de Acámbaro en 1526.

Así, detrás de cada viñedo existe una historia que conecta agricultura, territorio, gastronomía y tradición.

¿Y qué tiene que ver septiembre?

Mucho más de lo que parece.

Durante septiembre, México se llena de colores, sabores y celebraciones que nos recuerdan nuestras raíces. Es una época para descubrir aquello que se ha transmitido de generación en generación y que continúa evolucionando.

Por eso, visitar un viñedo en Guanajuato puede convertirse en una forma diferente de celebrar la identidad mexicana: conocer una tradición que llegó hace siglos, descubrir cómo se transforma la uva en vino y disfrutar de los productos y sabores que nacen en nuestro territorio.

Además, septiembre forma parte de la temporada de vendimias en Guanajuato. Durante 2026, las celebraciones se extienden del 1 de agosto al 18 de octubre, con experiencias que incluyen recorridos por viñedos, degustaciones, catas, gastronomía, música, actividades culturales y la tradicional pisa de uva.

Guanajuato: una nueva forma de vivir el vino mexicano

Actualmente, el enoturismo permite acercarse al mundo del vino de una manera mucho más amplia. No necesitas ser especialista para disfrutarlo: puedes recorrer los viñedos, conocer los procesos de elaboración, participar en una cata o simplemente sentarte a disfrutar del paisaje y acompañar la experiencia con gastronomía local.

En Guanajuato existen propuestas vitivinícolas en municipios como Dolores Hidalgo, San Miguel de Allende, San Felipe, San Francisco del Rincón, Guanajuato capital, Comonfort y León, entre otros. La oferta incluye desde recorridos por viñedos hasta experiencias gastronómicas y actividades alrededor de la cultura del vino.

El estado cuenta actualmente con 82 proyectos vitivinícolas, de los cuales 27 ofrecen experiencias enoturísticas, de acuerdo con información de la Secretaría de Turismo e Identidad de Guanajuato.

Esto significa que tu visita puede ir mucho más allá de probar una copa: puedes conocer los lugares donde se cultiva la uva, escuchar las historias detrás de cada proyecto y descubrir cómo una tradición de siglos continúa escribiendo nuevos capítulos en Guanajuato.

Un brindis por nuestras tradiciones

Septiembre es una invitación a mirar hacia nuestras raíces y descubrir las historias que han ayudado a construir la identidad de México.

Y entre esas historias también está la del vino.

Desde aquellas primeras vides que comenzaron a cultivarse en territorio mexicano hasta los viñedos que hoy reciben a viajeros, la vitivinicultura ha recorrido un largo camino. Guanajuato forma parte de ese presente y continúa fortaleciendo su vocación enoturística, convirtiendo sus viñedos en espacios para disfrutar del paisaje, la gastronomía, la cultura y el vino mexicano.

Así que si estás buscando una experiencia diferente para este septiembre, abre un nuevo camino y descubre Guanajuato entre viñedos. Planea una escapada, conoce sus rutas del vino y brinda por México desde una tierra que también guarda una historia que merece ser contada.

¡Salud por nuestras tradiciones, por nuestros sabores y por todo lo que hace de México un país único!


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